La terminal del sentido común o cómo A Coruña paga los platos rotos

 

Con los presupuestos generales sobre la mesa, los últimos de la primera era -o quizá única- Rajoy vemos como el sueño de una terminal aeroportuaria análoga a las del resto de aeropuertos gallegos se esfuma. A Coruña es la ciudad del sentido común con sus infraestructuras. A Coruña, es esa capital del noroeste que tira de Galicia más que ninguna mientras mira de reojo y con cierta envidia a dos modelos urbanos a seguir, Oporto -con quien genera sinergias comerciales y marítimas- y Bilbao -la otra capital del norte con la que tiene ciertas afinidades-. Pero la realidad política es tozuda y juega en contra de toda razón. Esa cabecera del noroeste tiene el más pequeño de todos los aeropuertos existentes. Alvedro en los últimos años ha oído hasta la saciedad que nos llega de sobra lo existente -a nadie le llega, sólo a nosotros- cuando fue puesto en marcha hace nada más y nada menos que 20 años y ha multiplicado en ocasiones hasta por 5 el tráfico con el que arrancó. Es un hito que ningún otro aeropuerto gallego realizó en la época contemporánea. La historia ya viene de lejos porque A Coruña tuvo que esperar 31 años para tener una terminal que a su vez era 5 veces la que un día de 1963 marcó su inauguración. Ahora nos cuentan, que es capaz de llegar a los 2,1 millones de pasajeros cuando hasta 2007 el límite oficial no llegaba ni a los dos y caminaba hacia ellos sin parada.

Bien, si Alvedro tiene que tener una terminal acorde a su potencia urbana, esta parece condenada a no existir hasta la década de los años 20. Los presupuestos asignan 2,5 millones de euros -incluso menos de lo que supone para el propio concello las ayudas a la promoción de distintas rutas-. Principalmente se trata de tapar goteras, mejorar la cinta de las maletas, digitalizar la red, el control de los accesos y retocar el filtro de seguridad que día sí día también se satura en picos que cada vez son más constantes.

El resto del dinero, otros 14,9 millones, son para finalizar obras que se inaugurarán en la primavera principalmente. El pago final de la ampliación de pista, mantenimientos, trabajos en el campo de vuelos, reformas en materia de seguridad y medioambientales y hasta el planteamiento de traslado del edificio de bomberos como consecuencia de otras obras pendientes en el aeropuerto herculino. Migajas. Remiendos que son puro sentido común y donde Alvedro ha de ser otra vez el aeropuerto del sentido común.

Este año, el aeropuerto de la Galicia del norte volverá a su clásico millón de pasajeros que lo coloca en su posición de los más utilizados de la península. La ampliación de pista con sus algo más de 2.300 metros acabará para siempre con la leyenda de la pista corta -qué ganas le tenía a desterrar ese estúpido rintintín-. Pero qué hay del transporte de cercanías, qué hay de las lanzaderas directas aprovechando los nuevos viales, qué más tiene que ocurrir para que la AP-9 se conecte de modo directo y sin eufemismos que no avanzan como el Vial18 a una infraestructura así, qué hay de una operativa horaria acorde a su entidad, qué hay de los vuelos en competencia y a precios que no lastren el turismo o el tejido empresarial… y así tantas cosas. Qué tiene que ocurrir para que impere de una vez por todas el sentido común y esta área, la más pujante de Galicia, tenga un trato igualitario al resto no sólo del territorio gallego sino del resto de España?

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